CUATRO ESTACIONES Y UNA CANCIÓN

CUATRO ESTACIONES Y UNA CANCIÓN

Cuatro estaciones y una canción 1

Hoy os traemos un cuento realmente especial.

Posiblemente, el cuento más emotivo que hemos realizado en nuestros dos años de andadura.

Un cuento para Gabriela, una pequeña de tres añitos, y toda su familia.  Una historia para ayudarla a ser fuerte, a entender su situación y vivir con alegría. Para que sepa que sus seres queridos siempre estarán junto a ella, para hacerle más llevadero el día a día, y para que, en definitiva, siga creyendo un poquito en la magia…

Una historia sobre valentía, amor y tenacidad.

Ilustrado por Isabel Ruiz Ruiz.

Me llena de emoción presentaros: CUATRO ESTACIONES Y UNA CANCIÓN

CUATRO ESTACIONES Y UNA CANCIÓN

En un pequeño reino,

diminuto como un grano de arroz,

vivía un hada llamada Gabriela,

en lo alto de un diente de león.

Cuatro estaciones y una canción 1

A su derecha, un joven roble le daba sombra,

A su izquierda, un arrollo de limonada fluía día y noche

Y en su frente, una zarzamora le daba de comer todas las mañanas.

 

Allí, vivía con su madre y su padre: Gonzalo y Belén.

Mucho antes de nacer, sus padres cantaron una melodía.

Una noche sin luna, se miraron a los ojos y la música surgió.

Esa misma melodía sonó el día de su nacimiento.

Cada 2 de noviembre,

en el cumpleaños de la pequeña,

cantaban aquella melodía.

El nocturno de Gabriela.

 

Gabriela tenía dos hermanos: Guillermo y Laura.

Con ellos compartía juegos y aventuras.

Y juntos volaban en su diminuto reino.

 

Gabriela amaba sus alas.

Unas preciosas alas de color violeta.

Con ocelos verdes y anaranjados.

Ellas le llevaban lejos hasta las montañas de otras comarcas.

Con ellas volaba por encima de las nubes,

Donde el sol calentaba de forma poderosa,

y escuchaba llover bajo sus pies.

En las noches estrelladas se acercaba a la luna

y se columpiaba en ella suavemente.

 

A Gabriela  también le encantaba realizar manualidades.

Objetos bellos e instrumentos musicales,

con hojas de nenúfar

y alas de luciérnagas.

Con finos hilos de seda

y cáscaras de nuez.

 

Un día ocurrió algo fatídico.

Volando entre los espinos del Norte,

una de sus alas se dañó.

Ya no podía volar.

La pequeña se tumbó bajo el diente de león.

Y lloró.

 

Sus padres, preocupados, visitaron a los más doctores más sabios,

consultaron los libros milenarios

y preguntaron a oráculos y sanadores.

 

Finalmente, el Hada de los Sueños, les dio una poción mágica.

La joven hada les dijo:

 

“La poción está hecha con  ingredientes del corazón.

Cuatro estaciones.

Cuatro soles.

Y una canción.

La paciencia es la clave,

La fuerza y el amor”

 

La primera mañana, Gabriela tomó la poción.

Se sintió débil.

Era verano.

Observó el roble que le daba sombra

y le vio triste y amarillento.

No tenía fuerzas.

Su hermano Guillermo le agarró de la mano.

Y sonrió de medio lado.

Cuatro estaciones y una canción 2

La segunda mañana, Gabriela tomó la poción.

Se sintió aún más débil.

Era otoño.

Observó el roble que le daba sombra

y vio que no tenía hojas.

Había quedado desnudo.

También su pelo se había caído.

Su hermana Laura acarició sus pensamientos.

Y sonrió.

Cuatro estaciones y una canción 3

La tercera mañana, Gabriela tomó la poción.

Se sintió un poco mejor.

Aunque hacía frio.

Era invierno.

Su ala había comenzado a crecer.

Observó el roble que le daba sombra.

Pequeños brotes asomaban por las ramas de su árbol amigo.

Su padre se acercó y le dijo:

“Solo el amor verdadero, puede descongelar un corazón helado”.

Y la pequeña le abrazó.

Cuatro estaciones y una canción 4

La cuarta mañana, Gabriela tomó la poción.

Se sentía bien.

Era primavera.

Observó el roble que le daba sombra

y vio hermosas flores de color blanco.

Entonces, su madre,  comenzó a susurrarle su canción.

Aquella melodía que existía mucho antes de que ella naciera.

Su ala dañada comenzó a moverse.

Primero, muy despacio y con timidez.

Después poco a poco, con mayor seguridad.

Cuatro estaciones y una canción 5

Gabriela se puso de pie con cuidado.

Su madre continuó cantando.

Al momento, su padre y sus hermanos le acompañaron.

La familia unió sus manos

Y juntos, comenzaron a volar por el cielo azul.

La pequeña se sintió feliz

y contempló sus preciosas alas violetas,

Estiradas.

Bellas.

Enormes.

Con ocelos verdes y anaranjados.

 

El sol se puso.

Las estrellas se asomaron.

Y el universo entero latió al pulso

del nocturno del joven corazón de Gabriela.

Un corazón sano.

 

En un pequeño reino,

diminuto como un grano de arroz,

vivía un hada llamada Gabriela

justo en lo alto de un diente de león.

 

Patricia García Sánchez – Isabel Ruiz Ruiz

 

6 Comments

  1. Verónica dice:

    Bellisimo cuento, transmite la fuerza del amor infinito entre el hada Gabriela y cada integrante de su familia.

  2. Laura dice:

    Es un cuento precioso. Muy muy bonito. Y dice mucho. Gracias !

  3. Gonzalo Rodriguez Perez dice:

    No paro de llorar…. un año después…. y creo que no será la última vez.
    Muchísimas gracias por el cuento. A Gabi le encantó, yo creo que se lo leímos todas las noches durante los siguientes meses. Lo tiene colocado en una pequeña repisa de su cama donde ella pone sus joyas y cosas más queridas.

    Hoy os puedo contar que hace dos semanas que no toma ningún tipo de quimio, que está preciosa y llena vida. Lo que ponía en el cuento, se va cumpliendo.

    Gonzalo (padre de la luchadora)

    • Gonzalo, es muy difícil expresar con palabras la emoción y alegría que siento al leer tus palabras.
      Enhorabuena a la pequeña Gabriela, protagonista del cuento y de la vida que se le abre por delante.
      Nos emociona haber formado parte pequeña de vuestro mundo y de su mundo, haberla ayudado a ser feliz y a sonreír.
      Muchas gracias y seguimos en contacto.
      Patricia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *