Cuento ReContado: LA CASITA DEL ÁRBOL

Cuento ReContado: LA CASITA DEL ÁRBOL

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Os presento el segundo Cuento ReContado:
“LA CASITA DEL ÁRBOL”.
El texto ya lo conocéis. 
Las ilustraciones han sido realizadas por Cristina Blázquez Martín.
Beatriz es la Costurera de Diademas.
Julio es el Trepador de Árboles de Colores.

Felicidades, pequeños.
Y a su mamá, Silvia,  también.

LA CASITA DEL ÁRBOL
 
Beatriz, la Costurera de Diademas y Julio, el Escalador de Árboles de Colores.
 
 
Aquella tarde Beatriz sentía un gran dolor de barriga.
Su hermano le invitó a un lugar secreto.
Cuando mamá le daba un beso en la nariz,
aparecía ese lugar.
Aquél sitio era secreto, secretísimo:
un gran bosque de Árboles de Colores.
Y en el medio del mismo,
un árbol enorme, fuerte y robusto.
Tan alto que su copa estaba hecha de nubes rosadas.
Un paraje mágico y secreto, secretísimo.
Julio comenzó a escalar el árbol.
Le encantaba trepar.
Beatriz lo miró hasta que escapó de su vista,
en aquél mar de algodón de azúcar.
Al rato, una cuerda de arcoíris,
trenzada en siete caminos,
cayó con delicadeza a su lado.
–         ¡Sube! – escuchó la niña.
Beatriz agarró con fuerza la cinta
y se deslizó entre aroma a vainilla y viento cálido del mar.
Al llegar arriba, la Casita de Madera la esperaba.
En verdad, aquél lugar era único, mágico y secreto, secretísimo.
Beatriz entró en la casita.
Todo era rojo y azul.
Rojo fuerte, como amapolas.
Azul claro, como el cielo del mediodía.
Su cabello le rondaba la nariz.
Entonces, Julio cortó un trozo de cinta arcoíris y se lo tendió a su hermana.
La pequeña recogió su pelo castaño claro en una diadema.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
–         Necesito muchos sueños – dijo.
–         Te ayudaré – contestó Julio.
Y Beatriz cosió las diademas más bellas y misteriosas.
 
 
 
 
Con caracolas del mar,
nenúfares de fuentes
y mariposas de la noche.
Con rosetas de dientes de león,
caramelos de limón,
y piedras del camino.
Julio escalaba y Beatriz cosía diademas.
Y aquél lugar increíble, único, 
mágico y secreto, secretísimo,
se convirtió en el escondite de los dos hermanos.
 
 
 
 

Cuando Mamá les daba un beso en la nariz,
aparecían en el Bosque de Colores,
rodeados de Nubes de Algodón de Caramelo,
en su mágica Casita del Árbol.
Y ya ningún dolor existe…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sólo diademas, tirolinas y paz.
Y tres corazones latiendo en la noche estrellada,
trenzados con hilo de Amor, Sueños y Magia.
                                             
 
                          
Patricia García Sánchez/Cristina Blázquez Martín
 

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