EL ÁRBOL DEL BUEN AMOR

EL ÁRBOL DEL BUEN AMOR

Amantes (1)

Os presentamos un nuevo Cuento Con Estrella, un encargo para celebrar el amor de una pareja narrado en la villa medieval de Hita. Acompañado de “Melodías en Tándem”:

Melodía 1: Aqualung de Jethro Tull.

Melodía 2: Valses de amor op. 52 de Johannes Brahms.

EL ARBOL DEL BUEN AMOR

 

La ciudad medieval de Hita estaba dividida en cuatro territorios.

Al Norte, la comarca de la Tierra.

En ella, los alfareros modelaban con arcillas de colores.

Los carpinteros tallaban maderas nobles.

En las hilanderías se cosían con hilos de plata y vainilla

Y los orfebres realizaban maravillosas joyas

con oro extraído de las minas.

 

En la comarca del Fuego, al Sur,

las luciérnagas iluminaban las noches de verano.

Se confeccionaban velas y se esculpe la cera con motivos florales y geométricos.

Y en las fraguas se forjaban las espadas para las damas más valerosas.

 

Al Oeste, se encontraba la comarca del Viento.

En aquél lugar, se hacían cometas y globos de aire musical.

Los gramófonos susurraban melodías desde los tejados de las casas.

Allí olía a violetas y canela,

a hierbabuena y arena.

 

Por último, al Este se encontraba la comarca del Agua.

Los molinos y las fuentes gobernaban el territorio.

También hay  viaductos y canales,

piscinas y manantiales.

El agua discurría por doquier.

Se fabricaban paraguas con pequeños agujeros

que permitían saborear la dulce lluvia.

Las gentes se bañaban en la Cascada de los Tiempos,

donde todo se paraba y nada permanecia quieto.

 

Mapa

En el medio de las cuatro comarcas habia un pequeño cerro deshabitado.

 

Dos caminantes emprenden un largo viaje

Desde lugares muy lejanos.

No se conocen pero se atraen.

Caminan mirando la tierra,

sintiendo el viento en sus caras,

escuchando el fuego de sus corazones

lavando sus almas bajo las tormentas:

Elisa y Javier.

 

Distancia

 

Elisa, dama y maestra.

Sencilla, cariñosa  y valiente.

Luchadora con larga capa morada.

 

Javier, caballero y trotamundos.

Intrépido y soñador.

Escalador de cumbres eternas.

 

Elisa entra a Hita por la puerta del Norte.

Javier lo hace por la del Sur.

Ambos continúan andando hasta llegar al cerro deshabitado.

La noche cae.

La luna ilumina su sendero.

Allí, por fin,

Después de años mirando hacia el suelo,

levantan sus cabezas y se miran a los ojos.

Frente a frente.

Alma sobre alma.

Dos alientos y una vida.

Y unen sus manos cansadas.

Amantes (2)

 

En ese momento, una estrella cae del cielo junto a ellos.

La cogen y la entierran con cuidado.

En los días venideros cuidan de aquella estrella

Como si una semilla fuera.

La riegan con aguas limpias de la Comarca del Este,

La abonan con tierras y arcillas del Sur.

La cantan y leen versos antiguos que susurran en el Oeste.

Poco a poco la planta crece

y se hace árbol hermoso y robusto:

El Árbol del Buen Amor.

Árbol en flor

Sus hojas son pergaminos donde Elisa y Javier escriben sus vidas.

Sus frutos son estrellas que vuelan cuando estaban maduras.

Al firmamento infinito.

Rápidas y veloces.

Seguras y efímeras.

 

Después, Elisa y Javier construyeron una casa con vistas a la ciudad de Hita.

Por último, encargaron una gran puerta de hierro

forjada con metales y piedras preciosas

que da la bienvenida a amigos y forasteros

a familiares y caminantes.

 

Muy de vez de cuando,

Elisa y Javier salen de Hita,

y viajan por tierras desconocidas.

A veces caminan.

Otras pedalean.

A menudo vuelan…

 

Y siempre, regresan al Árbol del Buen Amor:

hecho de tierra, aire, fuego y agua.

A dormir la siesta en la tierra,

bajo su sombra.

A leer sus hojas desgastadas,

A escribir nuevos sueños,

A contar estrellas… desde sus ramas.

A amar la vida y sus senderos,

a enredar sus cuerpos y almas.

Hita

 

Patricia García Sánchez – Óscar Luque Ruiz

 

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