EL TALLER DEL ABELO

EL TALLER DEL ABELO

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El cuento de hoy es realmente especial. Es el regalo que hemos realizado para la escuela infantil a la que han acudido mis hijas durante tres años: EL ABELO.
Con este cuento hemos querido agradecer a todas las  profesoras que allí trabajan, el trabajo realizado durante este tiempo.
Ha sido muy bonito compartir con Tere la historia del edificio y de su familia, en definitiva.
Aquí quedan recogidos recuerdos y compañeros. Anécdotas y cuentos.
Os llevaremos siempre en nuestros corazones. Esperamos que os guste.

 
EL TALLER DEL ABELO
Mi nombre es Aroa.
Voy a contaros la historia de un lugar muy especial para mí,
en el que día a día,
durante dos años de mi vida,
he jugado y aprendido.
Dice así:
“Erase un vez un taller.
Un taller de la vida.
Aquél lugar se encontraba en la sierra de Madrid,
en un pueblecito llamado Collado Mediano.
Allí se trabajaba el granito.
Su fundador fue Julián Guillén Zamorano.
La piedra llegaba desde las dehesas cercanas al río.
Los mamposteros trabajaban el granito manualmente.
Con cuidado, mimo y cariño
realizaban adoquines y baldosas para edificios, casas y villas de recreo.
También hacían bellas figuras y esculturas.
Esculpían sueños y emociones,
risas y juegos.
En aquél taller, se cantaba cada mañana,
Se limpiaban lágrimas,
se soplaba sobre heridas inexistentes,
se mezclaban almendros, piedras e ilusiones.
En aquél taller se utilizaban punteros de colores,
Tizas de fantasía
y bujardas de sabores.
El primer taller era el de MARÍA.
La joven esculpía preciosas figuras con forma de FOCA.
El AZUL lo inundaba todo,
entre arrullos, nanas y cascabeles.
El segundo taller era de BEA.
La maestra enseñaba a sus aprendices
cómo hacer preciosas RANAS
para adornar jardines y fuentes.
El VERDE era el color de aquél taller.
Olor a colina fresca,
a arcilla y plastilina,
a acuarelas y pinceles.
ESTER esculpía con canciones en inglés,
BLUE, GREEN AND YELOW,
ONE, TWO, THREE.
El tercer taller era de VERO.
Siempre con una sonrisa,
Tallaba osos AMARILLOS  y juguetones,
búhos y corazones,
tarjetas de Navidad y de Carnaval,
animales de la granja y del bosque.

 

Sus aprendices trabajaban felices:
Samuel, Julia, Leo, Juan Ramón,
María, Inés, Hugo,
Jorge, Daniela, Jimena
Lola, Paula y Aroa.
Por último, en el cuarto taller trabajaban TERE y REYES.
Ellas daban la bienvenida todos los días a las piedras y aprendices.
Los acariciaban y mimaban,
los cogían con cuidado
los besaban y abrazaban con amor.
 
Así se sucedían los días en el taller.
Lo pequeño se hacía grande…
Y las sonrisas que esculpían en aquéllos aprendices,
quedaban por siempre selladas en sus corazones.
Y generaciones de niños crecieron felices
al compás de la música de las piedras.
Mientras, el abuelo Jesús sonríe desde una estrella,
al contemplar su bella obra:
El taller de la Vida,
conocida por todos, aquí en el pueblo,
como  la Escuela Infantil El Abelo”.
Mi nombre es Aroa
y os he contado vuestra propia historia.
                                                                           Patricia García Sánchez – Cristina Blázquez Martín

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