FANTASÍAS EMPAÑADAS

FANTASÍAS EMPAÑADAS

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Hoy tengo el gran placer de presentaros un cuento muy, muy especial: una pequeña historia para Andrés, Lucía y sus papás.

Es un Cuento ReContado directo del corazón: “Fantasías Empañadas. Andrés, el Cocinero de Sonrisas y Lucía, la brujita Mandarina”.

Fue uno de nuestros primeros encargos que por diversas causas no ha podido ser “estrenado” hasta el día de hoy. ¡Ahí va! Esperamos que os guste.

Siempre hay motivos para sonreír.

FANTASÍAS EMPAÑADAS
Lucía, la Brujita Mandarina y Andrés, el Cocinero de Sonrisas.
Fuera, llovía.
Lucía y Andrés miraban a través de la amplia ventana.
Los cristales estaban empañados.
Abril lluvioso.
Primavera mojada.
Flores frescas , hierba cortada.
Andrés puso su dedo en el cristal.

Lucía le imitó.

La pequeña repetía todo lo que su hermano hacía.

Andrés dibujó una media luna.

       La pequeña hizo lo mismo en simetría,
       y completó un corazón.
Después, el chico dibujo una cabecita,
Lucía otra.
Dos cuerpos, cuatro manos, cuatro piernas,
dos sonrisas.
Los hermanos  se dibujaron en el cristal empañado
con los garabatos de la infancia:
un hermano y una hermana.
Andrés dibujó en la figura de Lucía un gorrito de bruja, un gorro y una escoba.
        –  Serás la Brujita Mandarina – le dijo a su hermana.
Lucía dibujó en la figura de Andrés un sombrero de cocinero,
un mandil de cuadros y una cuchara de palo.
    –    Tú serás el Cocinero de Sonrisas.
Y, en un acto mágico, las figuras comenzaron a moverse.
La Brujita Mandarina a voló por el cuarto
mientras Andrés, el Cocinero, preparaba un guiso secreto.
     –    Necesito polvo de estrellas – dijo.
La Brujita Mandarina voló con su escoba hasta el cielo estrellado,
y llenó sus bolsillos de plata y purpurina.
      –      También, sal de la mar.
Y la pequeña, viajó hasta los océanos de algas,
y  guardó mil gotitas de paz.
    




 
        –   Necesito hierbabuena fresca, con gotas de rocío.
La brujita corrió a los campos amanecidos
y recogió las lágrimas que brotan de la tierra.

                            –   Y por último, rosetas de dientes de león,
                    un rayo de sol y besos de sabor.
                    Lucía, la brujita incansable,
                   atrapó las nieves de las montañas más altas,
                   convenció al Sol para que un rayo le regalara
                   y recogió cientos de besos de enamorados
                   guardados en la cara oculta de la Luna.
Andrés, el cocinero removía la mezcla con esmero.
Un guiso secreto: las sonrisas.
Entonces, los dos hermanos volvieron al cristal empañado
y  colocaron sobre él las palmas de sus manos.
Borraron las figuras,
desdibujaron sus fantasías,
entre risas y carcajadas.
Sólo el corazón quedo intacto.
Entonces, vieron a mamá y papá acercarse a través de la ventana.

Todos miraron el corazón del cristal empañado.

Mamá repasó la mitad del mismo,
en forma de media luna, con su dedo índice.
Andrés, le imitó al otro lado del espejo.
Papá completó el corazón,
y Lucía le siguió.
Los cuatro dedos quedaron en el centro del corazón sellados por siempre,
unos fuera, otros dentro.
Entre estrellas, mar, rocío y besos.
Entre lluvia, latidos de amor y aliento.
Porque, pase lo que pase, siempre hay motivos para sonreír.
Fantasías empañadas.
 
Patricia García Sánchez – Cristina Blázquez Martín
Y para completar el cantacuento, como siempre una bella audición.
Os dejo: AQUARIUM de El Carnaval de los Animales de Saint Saens. Una música mágica, misteriosa y bella.

2 Comments

  1. Ana Perez dice:

    Un cuento precioso para unos tesoros preciosos que espero sigan cocinando sus sonrisas como el mejor ingrediente para ser felices, que es lo que más les deseo.
    Mi agradecimiento a la autora, por ser una excelente profesional y una fantástica amiga.
    Cuando encargué el cuento nunca tuve la más mínima duda de que me encantaría.Te deseo una vida llena de sonrisas.

  2. ¡Gracias, Ana!
    Sabes muy bien lo mucho que me ha gustado hacer este cuento para vosotros.
    Sé que me llevo una amiga para toda la vida.
    Un beso.

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