LA CASITA DEL ÁRBOL

LA CASITA DEL ÁRBOL

la casita del arbol

Hoy os presento el segundo de mis encargos: “La casita del árbol”. Un cuento para Beatriz y Julio, los hijos de Silvia.

Ellos son la Costurera de Diademas y el Escalador de Árboles de Colores. Un cuento sobre diademas, tirolinas y paz.
Espero que les guste. Para mi, ha sido un verdadero placer idearlo y escribirlo. No dejéis de leerlo mientras escucháis la audición seleccionada: el segundo movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak.
Bienvenidos y bienvenidas al universo de los “cantacuentos”. Cuentos cantados. Cantos contados.

LA CASITA DEL ÁRBOL
La costurera de Diademas y el Escalador de Árboles de Colores
Aquella tarde Beatriz sentía un gran dolor de barriga.
Su hermano le invitó a un lugar secreto.
Cuando mamá le daba un beso en la nariz,
aparecía ese lugar.
Aquél sitio era secreto, secretísimo:
un gran bosque de Árboles de Colores.
Y en el medio del mismo,
un árbol enorme, fuerte y robusto.
Tan alto que su copa estaba hecha de nubes rosadas.
Un paraje mágico y secreto, secretísimo.
Julio comenzó a escalar el árbol.
Le encantaba trepar.
Beatriz lo miró hasta que escapó de su vista,
en el mar de algodón de azúcar.
Al rato, una cuerda de arcoíris,
trenzada en siete caminos,
cayó con delicadeza a su lado.
         ¡Sube! – escuchó la niña.
Beatriz agarró con fuerza la cinta
y se deslizó entre aroma a vainilla y viento cálido del mar.
Al llegar arriba, la Casita de Madera la esperaba.
En verdad, aquél lugar era único, mágico y secreto, secretísimo.
Beatriz entró en la casita.
Todo era rojo y azul.
Rojo fuerte, como amapolas.
Azul claro, como el cielo del mediodía.
Su cabello le rondaba la nariz.
Entonces, Julio cortó un trozo de cinta arcoíris y se lo tendió a su hermana.
La pequeña recogió su pelo castaño claro en una diadema.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
         Necesito muchos sueños – dijo.
         Te ayudaré – contestó Julio.
Y Beatriz cosió las diademas más bellas y misteriosas.
Con caracolas del mar,
nenúfares de fuentes
y mariposas de la noche.
Con rosetas de dientes de león,
caramelos de limón,
y piedras del camino.
Julio escalaba y Beatriz cosía diademas.
Y aquél lugar increíble, único, mágico y secreto, secretísimo,
se convirtió en el escondite de los dos hermanos.
Cuando Mamá les daba un beso en la nariz,
aparecían en el Bosque de Colores,
rodeados de Nubes de Algodón de Caramelo,
en su mágica Casita del Árbol.
Y ya ningún dolor existe…
Sólo diademas, tirolinas y paz.
Y tres corazones latiendo en la noche estrellada,
trenzados con hilo de Amor, Sueños y Magia.
                                                                       Patricia García Sánchez
Y para escuchar y acompañar el cuento, os dejo Segundo Movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonio Dvorak.
Disfrutar del “cantocuento”. 
Cuentos cantados. Cantos contados.

2 Comments

  1. Puri dice:

    ¡Qué bonito!!! ¡Me encantan las imágenes las sensaciones que se despiertan!!! Son para los cinco sentidos. ¡Felicidades!

  2. Mil gracias, Puri. Un besazo enorme.

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