SUITE DEL DESIERTO

SUITE DEL DESIERTO

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Ayer hicimos entrega de nuestro encargo número 37: un Cuento Con Estrella creado como regalo para Jandri, que cumple cincuenta años el domingo.
Desde el comienzo, éste ha sido un trabajo muy especial. El cuento fue encargado por su hermana Inés, que con cariño y admiración me narró las virtudes de su hermana, sus momentos más emotivos, y el gran amor que su hijo Marcelo siente por ella.
Por esta razón, es el pequeño Marcelo quien narra la historia basada en un viaje hacia el interior del desierto.
La parte musical es realmente preciosa. Corresponde a los “Seis Epígrafes Antiguos” de Debussy tocados a cuatro manos por la propia Inés y su compañera María, en el “Dúo Blanchard” (Inés Antón Jornet y María Tarrés Reguant, ambas profesoras de piano de conservatorio). Todo un lujo.
Ante la imposibilidad de subir el audio original (una pena), os dejo un link donde poder escuchar esta maravillosa obra de piano.
El cuento está lleno de detalles y guiños a la vida y a los gustos de la homenajeada que una vez más, sólo ella, podrá descubrir.
Felicidades, Jandri.


 
SUITE DEL DESIERTO
Me llamo Marcelo.
Os contaré una historia que me narró mi tía Jandri.
Ella dice que la escuchó a su vez, a una mujer bereber,
en el desierto de Marruecos,
en una noche estrellada.
Dice así:
“Cuenta la leyenda que una noche un barco naufragó
en la playa de Cabo Chico,
a diez millas de la ciudad de Rusadir.
Cuenta la leyenda que un joven llegó hasta la orilla
cansado y sin aliento.
Una mujer, hija de Tarik ven Ziyag,
se bañaba desnuda en la mar,
bajo la luz del amanecer,
y  vio llegar al marinero.
 
La joven era sanadora,
susurradora de versos de vida,
creadora de ungüentos maravillosos.
Lo llevó a su cabaña en la playa
e intentó curarlo en vano,
pues el joven dormitaba día y noche
mientras susurraba una melodía dulce y bella,
casi inexistente.
La mujer buscó en libros milenarios,
consultó viejas bibliotecas
y visitó a los médicos más sabios.
Todos decían lo mismo:
La enfermedad de la mar sólo se curaba con la planta de la alheña,
cuyas hojas pequeñas y perfumadas,
crecían en la provincia de Tinghir,
tras las montañas del gran Atlas.
Sólo aquéllas hierbas podrían sanar al joven,
sólo ellas, alejarían a los dijns.
 
La joven sanadora emprendió un largo viaje.
Sus dos hermanas la acompañaron.
La mayor y la pequeña.
“Una túnica, un piano y una estrella”
 
Juntas, emprendieron un largo viaje por el desierto.
A lomos de su camello,
la joven susurraba aquella melodía dulce y bella
que tantas veces había escuchado en labios del marinero.
Las hermanas repetían.
Y en su viaje, aquella canción se hizo eterna e infinita,
una suite viajera y caminante.
 
 Y la música se hizo camino.
El desierto, sendero.
La arena, estrellas.
Los sueños, latido.
Y así, las tres hermanas alcanzaron su destino.
A su regreso, en la cabaña de la playa,
mezclaron las hojas de la alheña y agua de la mar,
realizando un colorante mágico y natural.
La joven sanadora pintó las manos del marinero,
sus brazos, su torso y su cuello.
Pintó su corazón y cabello.
Sus pensamientos y su aliento.
Mientras, sus hermanas cantaban aquella melodía.
 
A la mañana siguiente,
despertó el marinero.
Desde aquel día se usa la alheña
Para alejar los malos espíritus.
Cuenta la leyenda que allí quedó el barco por siempre,
encallado en Cabo Chico.
En las noches de luna llena,
a su alrededor,
bucean desnudos dos enamorados,
pintando la mar de henna y susurros.
Entonces,  se escucha una melodía,
 dulce y bella,
lejana y eterna,
de las tres hermanas, en el desierto”.
Conozco esa melodía.
La he escuchado cada vez que me acerco al corazón de mi tía Jandri,
Ella es fuerte, dulce y cariñosa.
Me gusta pensar que Jandri es la protagonista de esta historia.
Mi madre Inés, es la hermana menor.
Mi tía “La Nena,” es la estrella.
Ellas son mis hadas madrinas.
 
Por último, la canción es una melodía de piano.
Sus notas viajan directas entre sueños y pensamientos.
Su eco  me mantiene unido a ellas, aunque estemos lejos:
La bella Suite del Desierto.
El 23 de marzo es el cumpleaños de mi tía Jandri.
Y yo, Marcelo, le regalo su propio cuento.
 Patricia García Sánchez – Óscar Luque Ruíz
Y para acompañar SEIS EPÍGRAFES ANTIGUOS de Debussy.

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