VIOLETA Y EL RELOJ DEL TIEMPO

VIOLETA Y EL RELOJ DEL TIEMPO

VIOLETA Y RELOJ DELTIEMPO
Violeta está de vuelta. Regresa a nuestra pequeña constelación con su preciosa flor para enseñarnos a esperar, a ser pacientes. Os presento un “cuento-espera”.

VIOLETA Y EL RELOJ DEL TIEMPO
Violeta cumplió tres años.
Recibió muchos regalos,
pero el más especial y diferente
fue un saquito de seda azul turquesa.
Dentro había semillas,
pequeñas como granos de arena del desierto.
Violeta no podía esperar…
¿Qué eran? ¿Para qué servían?
          Calma – le dijo mamá.
Pero Violeta no podía esperar…
Y se mordía las uñas inquieta.
Su mamá le trajo un tiesto
hecho de barro y de sal.
Su papá le trajo tierra
de lugares jamás contaminados.
          Una planta crecerá – le dijo a Violeta.
Violeta introdujo las semillas
y miró con inquietud.
¿Dónde estaba? ¿Por qué se escondía?
          Paciencia – dijo su mamá.
Pero Violeta no podía esperar…
Y se dio media vuelta con los brazos cruzados.
          Hay que cuidarla – dijo María, su hermana mayor.
El primer día la regó con lágrimas de una niña que siempre lloraba para conseguir las cosas.
Eran lágrimas de deseo.
          ¿Ya? – preguntó Violeta.
          Todavía no.
Y Violeta lloró.
El segundo día la susurró melodías misteriosas,
directas del corazón.
Eran notas musicales.
          ¿Ya?
          Todavía no.
Y Violeta se enfadó.
El tercer día sopló encima de ella polvos del Hada De La Noche,
brillantes como purpurina de Carnaval.
Eran estrellas de colores.
          ¿Ya?
Entonces, un tierno y diminuto tallo brotó de la tierra.
Violeta sonrió de medio lado.
El cuarto día la sacó a pasear,
era el día de cambio de estación.
Nieve sobre los almendros en flor.
          ¿Ya?
Entonces, una tímida hoja brotó del tallo,
Violeta sonrió como la luna menguante.
El quinto día le leyó historias de aventuras,
de piratas y dragones,
letras de fantasía.
          ¿Ya?
Entonces, otra hoja brotó del tallo.
Y la primera, se hizo grande y fuerte.
Violeta echó una inmensa carcajada.
El sexto día le regaló un arco iris,
hecho de rayos de sol y nubes de lluvia.
          ¿Ya?
Entonces, por fin, un pequeño capullo apareció.
Violeta dio saltos de alegría.
El séptimo día sólo  observó su planta.
Quieta y en silencio.
Era una flor preciosa.
Y… como su nombre la llamó: Violeta.
Una lágrima corrió por su rostro.
De gratitud.
Y las notas musicales de una melodía del corazón,
Se desplazaron por el aire.
La purpurina de Carnaval  maquilló su rostro.
La nieve de los almendros cayó como pompas de jabón.
Y las letras eternas de historias jamás contadas
sonaron entre colores y magia.
Y Violeta fue feliz.
Su flor la acompañaría por siempre.
Y miró su reloj del tiempo,
y empezó a idear otro sueño
que mimar hasta verlo hecho realidad.
Violeta ya sabía esperar.

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